jueves, 15 de marzo de 2007

Mi barrio

Salió al balcón y observó la luminosidad de la noche. Debíamos rondar los cero grados y soplaba un molesto vientecillo, pero en aquel momento, atenuados sus sentidos para percibir el frío debido al alcohol, sintió una profunda sensación de paz que le recorría todo su ser. Las luces de los edificios adyacentes acompasaban con su intermitencia destellante aquel estado de animo tan proclive a perdonarlo todo.

Siempre le había gustado aquel lugar, aquellas pocas manzanas que formaban lo que orgullosamente él llamaba “su barrio”. Interminables y mastodónticas fachadas de acero y cristal, despuntando provocativamente, buscando un resquicio para colarse en el cielo. Un conglomerado de lujo y aparente buen gusto, que siempre había estado restringido a la verdadera élite de la ciudad. Si eras alguien , tenias que vivir allí. Además, no verías ensuciando la perfecta armonía de las calles elementos discordantes de dudoso gusto estético, tales como supermercados abiertos las 24 horas, indigentes durmiendo sus liturgias de alcohol en las esquinas o grupos de chavales negros reunidos hasta altas horas de la madrugada con su mierda de música rap. No, allí reinaba la decencia y el orden. Los buenos contribuyentes, “wasp” en su mayoría, de aquel lujoso distrito, podían dormir tranquilos debido a que ningún peligro social tenía la posibilidad de desarrollarse en aquellas calles. Pagaban mucho dinero por aquella armonía, pero realmente valía la pena.

Siempre había pensado que los barrios blancos, debían permanecer como reductos para la conservación de la sensibilidad y las buenas maneras. No es que se sintiera especialmente racista al pensar aquellas cosas, no por lo menos desde una óptica academicista, pero desde luego sabía que si queríamos un desarrollo funcional de los temas comunitarios, debíamos mantener los signos identitarios claramente diferenciados. Era una cuestión de afinidades , de analogías y de respeto a nuestros antepasados. Los posibles puntos de contacto con el grueso de la población afroamericana, sobretodo del oeste de la ciudad, eran prácticamente inexistentes, para que negarlo. Le gustaba que aquellos negros, en su día, llenaran los cines y sus bolsillos al ver sus películas, pero esa debía ser la relación más profunda que tuviera con ellos.

Oyó dos disparos muy difusos en la lejanía, que le sacaron inmediatamente de su letargo. Después, la sirena de la policía dibujó ruidos punzantes en la oscuridad de la noche. Seguramente alguien había sido tiroteado o atracado. Nada nuevo bajo la luz de la luna.

martes, 27 de febrero de 2007

Late Night with Conan O'Brien

Aquella noche, ante una castigada botella de Glenfiddich, intentaba aclarar sus prioridades y estudiar atentamente el abanico de posibilidades que se descubrían ante sus ojos. Un vaso medio lleno y dos cubitos de hielo bailando entre los cuarenta y tres grados del whisky, le acompañaban en sus meditaciones.
Su mujer dormía hacia ya un rato y se podía oír su respiración sincopada con bastante nitidez. Como siempre se había dejado encendido el televisor y aunque la puerta estaba cerrada, podía distinguirse la voz de Conan O’Brian entrevistando a algún actorcillo de tres al cuarto, vanagloriándose de haber estrenado la séptima parte de Scary Movie.
¡Dios! Como detestaba a aquellos pseudoperiodistas, que habían pasado en un abrir y cerrar de ojos de mimarlo con cariño fraternal a ni siquiera contestar sus llamadas.
Y todo a raíz de aquella falsa acusación, que destrozó por completo la impoluta imagen de la que siempre había presumido. Aquella manada de articulistas y ridículos reporteros, que atisbando la mínima posibilidad de conseguir sangre fácil, no dudaron un momento en atacar y calumniar para sacar la máxima tajada posible. Daba igual que la fragilidad de las pruebas pidiera a gritos una prudencia que no estaban dispuestos a otorgar. Eran como ávidos carroñeros, tenían a su presa y nadie les iba a arrebatar el trozo de carne que se habían ganado a dentelladas. Quince días de vejatorias primeras páginas en todos los periódicos bastaron para saciar aquel apetito.
Tras el juicio, después de demostrar ampliamente que no había tenido nada que ver con la violación de aquel pobre niño, la mayoría de aquellos cronistas de pacotilla, ni siquiera se dignaron en disculparse. Cortaron cualquier tipo de relación. Su presencia se había convertido en veneno para las audiencias, decían.
Y lo peor de todo, es que Nika seguía incondicionalmente enganchada a aquellos “late nights” que tanta basura habían lanzado sobre su nombre.
Otro motivo más para demostrarles a todos cuan injustos habían sido. Encendió otro Camel y apuró el último suspiro de su vaso.

lunes, 26 de febrero de 2007

Todo en los pensamientos

Toda la mierda que había ido acumulando durante todos sus años de dedicación al mundo de la farándula, ahora salían a la superficie. Toneladas de resentimientos que en aquel preciso momento cobraban todo el sentido del que eran capaces, no porque actualmente hubiera cambiado de opinión respecto a la gentuza que le rodeaba diariamente, sino porque ante la perspectiva de pasar a la historia con un suicidio mítico e inolvidable, la concepción misma de su existencia tenia muchísimo más sentido épico. Ese rencor a todo lo ajeno que le hacía reafirmarse en la soledad genial de sus pensamientos.
Todo el mundo le lloraría durante décadas por haber sido tan estúpidos al dejar apagar tan ridículamente aquella magnificencia tan evidente. Y él en ese ultimo instante, antes de expirar su postrero aliento, los miraría con una manifiesta pose de desdén y sin decir palabra simplemente desaparecería.¡Que soberbio y apasionado final!
Además, nadie podría echarle en cara la drástica decisión que se había visto obligado a tomar. Ese ninguneo reiterado de los años postreros, obligandolo a aceptar trabajos denigrantes que esquilmaban sin misericordia aquel talento que le sobresalía por los poros. No, nadie se extrañaría de su justa decisión.
Y encima todo se acentuaba con los comentarios mortificantes de la que un día fue orgullosamente su media naranja. Porque no nos engañemos, Nika hacía ya largo tiempo que sólo era una pesada rémora; más o menos desde que empezaron a flaquear los encargos profesionales. Siempre de malhumor, perjudicando con sus soeces comentarios esa inspiración tan necesaria para desarrollar su destreza. Después de compartir su lecho y sus anhelos, había demostrado una monstruosa falta de sensibilidad con aquella actitud tan despreciable. No merecía ni una nota de despedida.

viernes, 23 de febrero de 2007

¿Dónde acaba todo?

Sabia que había pasado su momento, que el esplendor de su personalidad tendía a tornarse en irascible arrogancia. La legión de fans que antaño se disputaban sus sonrisas y atenciones, ahora se habían tornado grises miradas de indiferencia, y eso consumía su esencia de una forma despiadada e implacable. Tuvo en sus manos la inmortalidad que la vida sólo le ofrece a unos pocos elegidos, jugando complacidamente con las mieles de la notoriedad más arrebatadora y en un abrir y cerrar de ojos, se había evaporado todo, dejando tan solo una leve fragancia de pesimismo incontenible.
La verdad es que en aquella situación tenia pocas evasivas razonables. Se veía románticamente acorralado y con la única salida honorable de quitarse la vida. Había deseado durante noches enteras de insomnio caer en los acogedores brazos de la demencia, en perder totalmente el contacto con la realidad y arrojarse a los placeres alentadores de la inconsciencia. Pero aquel sosegado final no era compatible con su analítica forma de pensar, tendría que abandonar este mundo con la misma elegancia y vistosidad con la que había vivido. No podía resignarse a volarse la cabeza en algún sórdido local o en la implacable soledad de su vivienda. Tenia que irse a lo grande, haciendo el máximo ruido posible.
Aquella idea lo extasió momentáneamente y sabía que de allí en adelante, sólo la planificación de su muerte, ocuparía el cien por cien de sus reflexiones.